El boxeo español despide a uno de esos nombres que no siempre ocuparon los grandes focos, pero que sostuvieron de verdad este deporte desde dentro. El entrenador y mánager Manuel «Manolo» Sierra ha fallecido hoy a la edad de 64 años, tras batallar durante varios años contra una enfermedad degenerativa. De origen granadino, pero afincado históricamente en Gavá (Barcelona), Sierra deja una vida entera ligada al boxeo: primero como competidor de buena técnica y, posteriormente, como formador, mánager, consejero y estudioso incansable.
Del amateurismo al éxito con el equipo de Cataluña
Antes de convertirse en una mente brillante de las esquinas, Sierra fue un destacado púgil. Formó parte del equipo de Cataluña a finales de los años 70 y principios de los 80, compitiendo en una época de enorme nivel en el boxeo amateur nacional.
- Cádiz 1979: Logró una medalla de bronce que contribuyó directamente a que Cataluña se proclamara campeona por equipos.
- Melilla 1980: Volvió a competir entre los mejores del país. En ambos campeonatos se enfrentó al burgalés Jesús Matilla, repartiéndose los resultados (una victoria y una derrota), reflejando la igualdad y la exigencia de aquellos torneos.
Una vida en la esquina: Mánager y constructor de carreras
Tras su etapa como boxeador, Sierra siguió vinculado al ring desde el Club de Boxa Gavà, donde desarrolló una importante e influyente labor. Se consolidó como un mánager de peso que dirigió y construyó la carrera de diversos boxeadores reconocidos, entre ellos Iván Martínez «El Fénix», a quien guio y representó en su trayectoria.

Su figura también estuvo estrechamente ligada a nombres como Óscar Palomino, «El Mortero» Figueroa, «Tito» López, Francisco Ureña, y el dominicano Jorge «El Pollo» Ramírez, a quien llevó a disputar duros combates con grandes bolsas ante púgiles de la talla de Ike Quartey o Laurent Boudouani.
Durante los años noventa, su estilo a la hora de negociar y defender a sus peleadores le valió el cariñoso apodo de «un mánager sin compasión», bautizado así por Emilio Marquiegui.
El estratega en la sombra
Más allá de los nombres propios, todos los que lo conocieron coinciden en un rasgo distintivo: su conocimiento profundo del boxeo. Sierra no solo sabía del deporte; interpretaba el combate desde dentro, analizaba estilos y conocía a la perfección a púgiles de distintas épocas.
Gran amigo de ESPABOX y muy querido por la gente del gremio, su capacidad estratégica lo llevó a compartir momentos históricos. Estuvo, por ejemplo, en la esquina de Ricardo Sánchez Atocha cuando Javier Castillejo se proclamó campeón mundial ante el estadounidense Keith Mullings en 1999.
El propio Sánchez Atocha recuerda así a su compañero de fatigas:
«Fue una de las personas que vivimos la vida para el boxeo. Era un enamorado del boxeo y siempre estaba con proyectos, con cosas, con historias. Como persona, una buena persona, sobre todo fiel, que le gustaba trabajar y que estaba siempre ahí cuando lo necesitabas. Yo me lo llevaba conmigo a campeonatos porque tenía muy buena visión de las peleas. Leía bien las peleas, siempre tenía algo que aportar, y por eso me gustaba que estuviera conmigo.»
Manolo Sierra pertenece a esa estirpe silenciosa que construye el boxeo sin ruido. De los que compiten cuando toca, enseñan cuando llega el momento y siguen aprendiendo toda la vida. Un hombre de gimnasio, de esquina y de conversación. De los que entienden este deporte mucho más allá de las cuerdas. Descansa en paz.
